Acabo de volver de los talleres de restauración de los museos franceses, que están en Versalles, en las antiguas caballerizas reales. Me ha llevado hasta allí Claudie Ressort, antigua conservadora del Museo del Louvre y amiga de Rosa Alcoy, que para aquellos que no lo sepais es mi tutora de tesis, y allí he podido ver dos obras de Pere García (¡mi amigo, mi tortura, mi tema de tesis!) que tienen en restauración.
Claudie es una ancianita adorable, pequeñita y frágil, con pulcros cabellos grises recogidos en un moño, zapatos de tacón y gafas redondas con montura metálica, ronda los setenta años y es amable y muy dulce, aunque habla un peu rapide...
Puesto que íbamos a ir a Versalles en coche me ha invitado a comer a su casa, (hemos comido una cosa rarísima, una especie de morcilla con puré de manzana al horno) y la verdad es que para la hora del café yo estaba ya un pelín estresada siguiendo su conversación y la de su marido e intentando aportar algo más interesante que un "oui, bien sur" ocasional. Pero mi estres se ha convertido en pánico cuando, girándose hacia mí en el coche Claudie me ha recomendado dulcemente que me abrochara el cinturón, ha puesto un CD de música de piano y se ha santiguado... y un segundo después ha desaparcado con un derrape, haciendo chirriar su pequeño twingo rojo... ¿Sabeis esos ancianitos que ponen de los nervios a los conductores porque van despaciiiito?, pues Claudie no es de esos... al volante se convierte en Fitipaldi, Airton Senna, Fernando Alonso... pero con mala vista y reflejos de setenta años... Yo no sabía que los twingo corrían tanto, pero lo que de verdad me ha dado miedo y ganas de decirle que ya conducía yo es cuando me ha pedido que le fuera diciendo los límites de velocidad porque ella no llegaba a leerlos... ya me tenéis a mí leyendo a toda prisa todo cartel que encontraba y además traduciendo mentalmente los números al francés mientras Claudie me hablaba del paisaje. Al principio he pensado que se los estaba diciendo mal, o que mi pronunciación es aún más horrible de lo que yo creía, porque íbamos siempre unos veinte o treinta kilómetros por encima del límite, pero luego Claudie me ha explicado alegremente que ella tiene mucha suerte porque nunca le han hecho una foto con el radar, y que tiene todos sus puntos en su carnet... "non, pas de photo ma petite!" me ha dicho... oh là là mon dieu...
Yo con la morcilla atascada en la garganta y Claudie feliz como unas castañuelas, finalmente hemos llegado a Versalles de una pieza. En el centro de restauración hemos estado charlando con los restauradores, que me han explicado todo el proceso (el tratamiento de la madera, de la pintura, la eliminación de los repintes...) me han enseñado las radiografías que han hecho a las tablas, hemos visto otras piezas... Ha sido una visita muy interesante y todos han sido muy amables... hasta que les he preguntado si podía hacer o me podían dejar alguna fotografía actual de las piezas... pues "non, pas de photo non plus", resulta que no quieren que nadie vea las piezas hasta que la restauración esté acabada, más que nada para que no les critiquen el trabajo, así que teniendo en cuenta que hace seis años que están restaurando estas pinturas... creo que presentaré la tesis sin esas fotos... Y luego, Beatriz, me han dicho que estan un poco sensibles con este tema porque les han criticado mucho la restauración del dorado de la puerta del palacio de Versalles, ¿te acuerdas?, yo no he dicho nada, claro, pero la verdad es que la pintura de purpurina que le han puesto hace daño a los ojos...
Pues nada, nos hemos despedido, y Claudie y yo hemos vuelto a París, en veinte minutos, ella sin foto y yo sin aliento; parecía que estaba en el bingo cantando los límites de velocidad 40, 80, 110!, contradirección! y, finalmente ¡MANIFESTACIÓN! porque nos hemos metido de lleno en una "manif" como ha dicho Claudie toda entusiasmada. Estábamos a una parada de metro de la Residencia, y cuando la buena señora me ha preguntado si quería que me llevara hasta allí o prefería acabar el trayecto en metro (ella estaba ya en la puerta de su casa prácticamente) me ha faltado el canto de un duro para saltar en marcha del coche. Así que me he despedido de ella y allí la he dejado, intentando convencer con su sonrisa de abuelita al policia con metralleta de que tenía que pasar de todas todas por enmedio de la "manif" porque vivía al final de esa misma calle...
En fin, un día, esto... emocionante... pero "sans photo", como esta entrada...