
Esta mañana hacía frío y soplaba el viento pero el sol se ha asomado tímidamente cuando yo salía de la Ciudad Universitaria.
He estado en la Bibliothèque du Musée des Arts Decoratifs, ¡ya tengo otro carnet bibliotecario parisino!, a este ritmo me voy a hacer una colección...
Cuando he salido de la biblioteca tenía hambre, así que he ido a buscar un bocadillo y he hechado a andar sin rumbo; las aceras estaban llenas de brasseries donde parisinos y guiris en alegre mezcolanza desafiaban a las nubes y así, andando andando, he llegado hasta la ópera, un edificio grandilocuente y ostentoso, como la mayoría de los edificios parisinos de la época (segunda mitad del siglo XIX). La enorme mole está revestida de multitud de estatuas doradas, columnatas y pórticos, pero justo por eso no decepciona, es como una gran dama parisina con peluca y demasiadas joyas y lazos, bien erguida al final de la Avenida de la Ópera.
Con la idea de rodear el edificio he seguido caminando, y he acabado en las Galerías Lafayette, un enorme centro comercial edificado a principios del siglo XX; dentro puedes comprar ropa de diseño, comer en un McDonals o en Maxim's y, sobre todo, ver la gran cúpula central... creo que los de Gran Vía 2 han intentado imitarlo pero no han estado a la altura...
Para acabar os diré que el Musée des Arts Decoratifs es muy entretenido, (no pongáis esa cara, lo digo de verdad), está ordenado cronológicamente pero a parte de eso no tiene ningún criterio y puedes encontrar cosas tan variadas como una colección de encendedores, patitos de goma para la bañera o una tabla pintada por Pere García de Benabarre en el siglo XV... Hay cosas que son un monumento al mal gusto, como unas cerámicas del siglo XVIII hiperrealistas que representan platos de comida como un pavo relleno o cochinillo al horno (¿quien ponía eso en su casa?) pero también hay pinturas medievales, renacentistas, barrocas, impresionistas de calidad, además de muebles art Decó, etc. Un poco de todo, ¡ah!, y también una galería del juguete...
Mis paseos de hoy me han recordado dos cosas: el concepto de "flaneur", del que habla Charles Baudelaire en El pintor de la vida moderna (Mercedes, ¿recuerdas?, nos habló de él nuestro "Martí"). El flaneur es el que vaga por la calle, sin mucha decisión ni destino, dejándose llevar por los olores, las vistas, el río de gente, para reencontrar en los rincones de la ciudad moderna momentos de calma y de intimidad entre el ruido de los coches y las prisas.
La segunda cosa es la canción "Le vent" de Georges Brassens...